Los motivos de un poema
Hace unos años llegué a la entrada del Centro Universitario donde estudiaba y el chofer del micro nos dijo: "Vamos, vamos que hasta acá llegamos". El tránsito estaba cortado por unas vallas. Al bajar, el frío de la mañana nos golpeó en las narices. Un poco más arriba, nuestros ojos hacían como que no miraban a una topadora enorme, flanqueada por cuatro móviles policiales. La uña de acero de la máquina estaba escarbando en en el adobe de unos ranchos.
2.
En el costado norte de las facultades se había instalado, como lo hacen las sombras al declinar la tarde sobre la tierra, una villa miseria. Uno llegaba y se encontraba siempre con dos mundos completamente distintos y en pugna. El del Saber y el de la Pobreza. El conflicto: los terrenos pertenecían a la Universidad y los habitantes de la villa, después de varios años de convivencia, estaban siendo desalojados.
3.
Yo había sentido hablar de la villa. A veces estaba sentado en el bufet de la Facultad y escuchaba a los de la mesa de al lado que decían: "No vamos a comer a la villa". Semejante oxímoron no pasaba desapercibido para mis oídos; sin embargo, nunca me animaba a preguntar. Hasta que un día fui. Allí había una especie de cantina con piso de cemento y unos palos como columnas que sostenían el techo de chapa. Por cincuenta centavos te vendían una hamburguesa y por unas monedas más, un vaso de tinto. La música sonaba fuerte y nuestras risas se entonaban a medida que el vino empujaba la dudosa carne molida. Cuando regresé a cursar, mi cabeza tuvo que hacer un esfuerzo para acomodarse a "mi" realidad cotidiana de baldosas bien lustradas y garcilasos bucólicos.
4.
La topadora avanza. Unos villeros se enfrentan a ella con las manos desnudas mientras las mujeres insultan abrazando a sus niños."Se tienen que ir, flaco -me dice un estudiante avanzado de chaquetilla verde- no pertenecen aquí".
5.
Cuando llegué a mi casa, los insultos, los sirenas policiales, el ruido de los escombros, los llanto; no se me despegaban de la cabeza. Tiempo después escribí:
Sin raíz
Ser nada
y dolor.
Arraigar
los espacios vacíos.
Recogerme en pedazos.
6.
Ocho años después, donde estaba la villa se erige la flamante Facultad de Derecho. Todavía quedan algunas paredes mutiladas, todavía hay un par de ranchos que resistieron, todavía están esperando: ¿Otro poema?¿Otra actitud?¿O la verdad?
- Posted at 26 mayo, 2006 | By Patricia Rodón
Gracias por las certezas y más por los interrogantes.
- Posted at 26 mayo, 2006 | By Hernán Schillagi
- Posted at 26 mayo, 2006 | By
Soy de los que opinan que un poema no es un acto de cobardía ni un gesto de bravura, ni un alivio, ni un perdón. Excepto, claro, para su autor, pero eso se diluye en las lecturas, un poco porque hay algo de cierto en eso de que el texto es más de quien lo lee que de quien lo escribe. Si ese poema tuviera otra historia atrás, o ninguna, valdría lo mismo. Mucho para nosotros, menos que un cacho de pan para la gente con chapa arriba (los techos, se entiende).
- Posted at 26 mayo, 2006 | By Fernando G. Toledo
o esperan erigirse en la anonima existencia para decir verdades
o esperan a que el hombre las respete, conmemore como recordatorio de la lucha del mismo hombre al momento de revelarse como ser viviente.
- Posted at 26 mayo, 2006 | By Unknown
Al final de la película el gobierno de Pinochet arrasa la villa y hecha a la fuerza a sus habitantes, las imágenes siguientes muestran un paisaje de montaña intacto donde parece que nada se hubiera levantado nunca.
La tierra se los había tragado sin esfuerzo. Esos "rotos" habían encontrado "una actitud" en el gobierno de Allende. La verdad los vomitó pronto con su tufo acre.
Yo creo que "ellos" esperan todos los poemas... cuando en mis clases hablo con mis chicos "bolis", "cabezas" de mitos universales, del amor y la tristeza en una poesía de Miguel Hernández yo veo ahí un arado y me pongo firme en la tierra reseca y transpiro, creo y espero romper cabezas como cocos.
Es posible,Hernán, es posible.
Desde Medrano, Junín, San Martín centro,Montecaseros, Buen Orden, Alto Salvador, Barriales, San Roque, reporta una trabajadora de la cultura y la sensibilidad que alguna vez los ha usado de material de trabajo.
- Posted at 26 mayo, 2006 | By
- Posted at 27 mayo, 2006 | By piscica
en cuanto a la necesidad de escribir, siempre es discutible, tiene mucho de egocentrismo y de "masturbación mental" (término que le gusta a Patricia Rodón). Sin embargo, reprimir esa necesidad sería aceptar la frustación como creadores (buenos, malos, regulares). No quise ponerle dique en ese momento como tampoco en este.
Fernando: concha pa' bajo te contesto. Sí, el poema se completa en los lectores, como decía Pizarnik, pero... ¿Qué lectores? Uno escribe y si se anima a pensar en "leedores" posibles , piensa en personas hambrientas de de saber, no de pan y leche. Sin embargo, si hay "leche" cuando se escribe, llega, creeme que llega.
- Posted at 27 mayo, 2006 | By Hernán Schillagi
Y, sí. Se parece mucho a estar vivo. Pero hay que decir para demostrarlo, hablar con la boca apretada de palabras y escribir. Los resultados se "rebelan" contra nosotros y se nos "revelan".
Paula: vi un poco de esa peli chilena y me impresionó, era casi al final cuando los dos niños se refugian detrás de un camión cuando se está derrocando a Allende en la Casa de la Moneda.
Claro que es posible. Sin embargo, si nos cuesta entenderlo a nosotros que tuvimos acceso a la educación, a la cultura, a las cuatro comidas diarias... ¿Cómo hacemos para demostrárselos a nuestros "pobres" alumnos hijos de la crisis y la falta de perspectivas?
A propósito de la literatura en las aulas: hoy en el Cultura de Los Andes, sale un artículo de Dionisio Salas Astorga sobre este tema. Interesante y polémico.
- Posted at 27 mayo, 2006 | By Hernán Schillagi
Gracias a todos. Yo sé por qué.
- Posted at 27 mayo, 2006 | By Hernán Schillagi



