Esto no va más
Ese día hacía un frío inmenso. El invierno se había posado en la ciudad como lo hace una sombra en el pavimento. Mi madre llevaba el bolso a cuestas, agarradas bien las manijas, con esa desconfianza y cuidado con que se guarda lo poco, lo único. El micro iba repleto. Personas de pie en el pasillo, tres en asientos de dos. Los que estaban cerca de mí me miraban como una molestia. Íbamos casi dormidos, en un arrullo incesante por el ruido del motor. Con los ojos entrecerrados, veía cómo las luces de la ciudad que dejaba se iban diluyendo con los primeros asomos del amanecer. De a poco, me fue envolviendo un letargo borroso.
El humo me despertó casi ahogado. Entre toses y ojos llorosos, mi mamá me dijo que el ómnibus se había descompuesto. Bajamos. El chofer, con las mangas subidas nos explicó que no podíamos seguir, que debíamos esperar a que pasara el próximo Expreso.
Tirados en medio de la ruta, entumecidos por el frío, algunos caminaban intranquilos de un lado a otro. Otros, insultaban a los autos que pasaban sin detenerse, los niños buscaban piedras para tirárselas a un cansado caballo que estaba por ahí. Yo, por mientras, me senté sobre una roca y miraba todo a mi alrededor como si fuera un paisaje distinto. Entonces comencé a ordenar algunos recuerdos que se desprendían de mi memoria como las lágrimas de los ojos de mi mamá, que le relataba a una señora mayor todas nuestras penas.
De a poco, iba llegando a mí aquel día domingo en que fuimos todos al Cerro de la Gloria en ese Ami 8 amarillo que tanto nos gustaba. Con mi hermano jugábamos en la parte trasera a hacerles burla a todos los niños que pasaban en otros coches. Debo haber tenido unos nueve porque todavía llevaba el brazo derecho enyesado y mi hermano rondaba los trece años. Al llegar, estábamos de lo más bien mirando desde un barranco a la ciudad que parecía mezclarse con el smog. Mi hermano tiraba piedras al vacío, yo no podía imitarlo. En eso, mi papá se enfureció por algo que le dijo mi madre que no alcancé a escuchar. Discutían fuerte, mirándose duramente a los ojos, pero lo que más me desesperaba era que los dos habían llegado al borde del abismo sin darse cuenta. A centímetros de sus pies se terminaba abruptamente el camino. Los gritos eran horrendos, se decían de todo. Hasta que él la agarró del brazo y comenzó a sacudirla cada vez más cerca del precipicio, más cerca del fin. Es ahí cuando nuestro aullido lo devolvió a la realidad. La soltó sin ganas y nos ordenó que subiéramos al Ami.
De vuelta, uno de los dos, no recuerdo bien cual, dijo "esto no va más". Mi hermano comenzó a llorar sin consuelo y les rogó, les imploró que no se separaran, que yo era muy chico aún, que él no iba a poder aguantarlo. Nadie dijo más nada. Un silencio nos lastimó todo el camino. Diez años terriblemente demás nos esperaban en nuestra casa.
Un Expreso cubierto de barro detuvo su marcha para darnos auxilio. Subimos y nos acomodamos donde pudimos. El micro empezó a avanzar muy despacio, como que le costaba mover tanto desconsuelo junto. Los autos disminuían la velocidad para observarnos.
Desde las ventanillas de un 147 gris, dos niños, que iban con sus padres, se divertían haciéndonos burla.
El texto podríamos usarlo en una campaña pro-divorcio. Porque no sé si lo ha notado pero la gente que se opone, invariablemente, esgrime como argumento principal el sufrimiento que la separación ocasiona a los pequeñines. Pues, no. Que estén juntos puede ser una tortura mayor.
- Posted at 08 noviembre, 2006 | By sergio
pd: aguante los 151 post.
- Posted at 09 noviembre, 2006 | By
- Posted at 09 noviembre, 2006 | By Hernán Schillagi
- Posted at 09 noviembre, 2006 | By Hernán Schillagi
Besos,
Jos
- Posted at 16 noviembre, 2006 | By Jos
- Posted at 16 noviembre, 2006 | By sergio
- Posted at 24 noviembre, 2006 | By
Había perdido la dire de tu blog.
Soy doblemente boluda, la boluda total y la imagen del espejo en que la boluda se refleja y no sabe cuál es la boluda que está adelante, entonces exclama "¿Tengo tanta cara de boluda como para que esta boluda me mire así?".
Al haber perdido la dire de tu blog, no había llegado a conocer los links imperdibles que tenés.
Triplemente boluda: la boluda corpórea, la boluda reflejo del espejo, y la boluda sombra en el piso y la pared.
Ya no sé qué decir, voy a pasar seguido y leeré todo, todo, todo, porque "webeo" insaciablemente.
Saluti.
- Posted at 24 noviembre, 2006 | By
Sergio: habrás visto que volví. Me vino bien el "descancito". Los extrañé mucho y arremeteré esta cuesta arriba que es el fin de año (escolar sobre todo)
- Posted at 25 noviembre, 2006 | By Hernán Schillagi
Laura: no recojo tu guante de tanta autoflagelación. Perder mi link puede ser un detalle de inteligente salud más que de boludez. Prometo devolver la visita.
- Posted at 25 noviembre, 2006 | By Hernán Schillagi
- Posted at 07 diciembre, 2006 | By



