Y el viento los amontona
Futura ley provincial antitabaco en Mendoza. No se prodrá fumar en lugares públicos, excepto:
Las cárceles (claro, se entiende).
Los neuropsiquiátricos (la ansiedad, el encierro. Lógico).
Los casinos (¡Queeeé!).
Pregunto: ¿El juego "oficial" será la antesala al acto delictivo por "emoción violenta"?
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Fumá nene, decía inteligentemente Carlín Calvo.
Etiquetas: miscelánea
por Hernán Schillagi at 12:02 p. m.

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¿Los casinos?: la ansiedad, el encierro, lógico. Ídem que los loqueros. Ponete en los tragamonedas al lado de una viejita que tiene cara de no saber manejar un control remoto y se "destapa" como una experta cruzando líneas horizontales y cruzadas... gana $500 en media hora y vos has perdido $20... Te dan ganas de matarla. Yo no fumo, pero comprendo a los que lo hacen en esas situaciones angustiosas.
De todos modos, antes se fumaba mucho más. Hace un mes que todos los domingos veo las entrevistas a escritores en canal Encuentro, Córtazar y Onetti apagaban uno y prendían otro sin parar, una locura.
Lo de los casinos es una chanza... no hay que fumar en ningún lugar público cerrado. Sobre este tema soy de ultraderecha: fumadores a la lluvia, a la nieve, a las terrazas, por favor, lejos de mí.
Paula
Paula. No tenés idea del peso que tienen las palabras que usás. ¿Te cobijás en la ultraderecha para distinguir/te de los "otros"? ¿Mandás a la muerte al que no hace, piensa, vive, lee lo mismo que vos? Dale, matá a las viejecitas (para vos, decir "viejitas" debe ser extenuante, casi un ejercicio semiótico (bah, todo en vos parece ser "semi")). No apostés, porque ya perdiste.
Me importa muy poco tu opinión, me aburre bastante tu pose de mala. Relajate, no me conocés. No voy a huir despavorida de este blog porque la reconocida periodista y poetisa mendocina me percibe como una "semi". Soy "semi", "infra" y "sub" en casi todo; nadie como yo para boicotear mi estima. Pero soy infinitamente mejor a la que era hace diez años atrás.
Este blog me ha dado la amistad de Hernán y me hace feliz (te permito que vomités en mi expresión cursi y sincera). Ignorame, como siempre, bostezá o hacé una expresión de fastidio cuando veás mi nombre y dejame expresar tranquila.
Por otro lado, YO NO MATO a nadie que no viva, piense o lea lo mismo que yo... qué fácil te resulta tergiversar lo que dije, simplemente me molesta que me fumen encima.
Tu acidez estomacal se me va con un vaso de leche.
Paula
Bien... ¿Y ahora cómo sigo? Podría decir algo como "no se peleen, chicas" Pero la verdad es que estas rencillas entre blogers -sean chicas o no-, me divierten. Y como "sobre gustos no hay nada escrito"...lo disfruto.
En cuanto al cigarrillo, igual. Donde y cuando puedo -o me dejan-, lo gozo. Sé que es deñino, pero la verdad, me chupa un huevo. De última, cuando me venga viejo y baqueta, lo dejo. O no.
Hay algo que me parece claro como el agua (que está debajo del humo sobre el agua, según Deep Purple). Es lo siguiente: la ingesta de alcohol, de cocaína, de LSD, de éxtasis o de paco (ahora que llegó) no son prácticas que obliguen a que alguien cercano al insumo comparta involuntariamente tal hábito. El cigarrillo, el porro o la pipa, en cambio, son de una prepotencia que debería hacer reflexionar a los consumidores acerca de la molestia que provocan en los que no desean (quizá sólo en ese momento) consumir lo mismo que ellos. Creo que es ése el razonamiento que ha llevado a que en algunos países, muy civilizados por cierto, se decida la prohibición de que una persona invada el oxígeno de la otra si ésta no quiere ser partícipe de sus "vicios". La cosa no sería diferente a que si la práctica de tal o cual es dar batazos en el aire (aunque haya rostros ajenos alrededor), supusiera que es un abuso de autoridad que se le prohíba hacerlo si hay gente cerca, o incluso, que reclamara que sean los "molestados" los que deban irse del lugar.
Finalmente, la reflexión de Hernán me hace pensar que a la hora de decidir cuál es el mal menor, prisiones, manicomios y casas de apuestas comparten un triste veneno común, tan importante que unas dosis de nicotina -para ilustrar: la misma que usan los insecticidas- sea una cosa de nada al lado de tanta toxicidad.
Ahora que lo pienso el paco sería molesto igualmente, ya que se fuma. Cambien el ejemplo por "heroína".
Paula: entiendo lo que querés decir palabra por palabra (como también lo que te reprocha Patricia). Hay frases como "soy un
talibán con los ruidos molestos" y esto no quiere decir que nos atemos un cinturón de dinamita porque mi vecino está clavando un clavo ni que estrellemos una avioneta a escala en la frente del heladero que pasa silbateando en la siesta. En todo caso estas disputas (con perdón) son "puro humo". Te mando un abrazo grande.
Patri: bueno, mis palabras de arriba también son para vos. Creo que hay que debatir e intercambiar opiniones desde la tolerancia. Me divierte mucho, como le pasa a Sergio, estas "peleítas". Las dos tienen garra y fundamentos en las uñas al escribir. Me enorgullecen este tipo de debates y no los que se dieron hace un par de semanas. Siempre encantado de que tus ojos se posen aquí. Quebrantaabrazos!
Querido Sergio: no voy a hacer de Dr. Miroli de la nicotina. Si Ud. fuma es porque le gusta y punto. Seguro que debe ser un placer, pero -a diferencia de cierto tipo de sexo- es un goce que no se puede compartir.
¡Aguante el onanismo tabaqueril!
Fernando amigo; seguro que tenés razón. También pienso (desde el desconocimiento)que compartir un pucho con amigos debe parecerse al mate con sopaipillas en una tarde de lluvias y meta charlar de fútbol o poesía (para los que somos más excéntricos). ¿Y si esta "ola" de prohibiciones hace que se multe el uso de escotes en las féminas? ¿Qué haríamos nosotros? Mirá que eso es obligar a "que alguien cercano al
insumo comparta involuntariamente tal hábito..." ¿Lo charlamos fumando?
Comparto la opinión de Fernando. En general los consumidores actúan con egoísmo frente a los no fumadores. No pueden entender que su vicio es invasivo en recintos cerrados. Se trata de una elemental cuestión de derechos. Los consumidores pueden fumar, nosotros podemos exigir aire libre de tabaco las 24 hs. Solo hay que acordar espacios, tiempos. Civilizadamente.
Pienso en una situación (por otro lado, me ha pasado tal cual la narro): dos amigos se encuentran en un café. Uno fuma y el otro no. Hace tiempo que no se ven, tienen mucho que contarse, la charla se vuelve interesante, entretenida, íntima... de pronto, el fumador decide que experimentaría un placer completo si enciende un cigarrillo. "No, no, no lo hagás", piensa el otro. Lamentablemente sus ideas no salen de su boca. Deja que el amigo fume, "se lo merece, ¿no? Está pasando un buen momento, ¿por qué voy impedirselo?". El no fumador se "sacrifica". Años, décadas de sacrificio. Los consumidores no acaban de comprender que están frente a "la revolución de los no fumadores". Les fastidia que esgrimamos nuestro derecho porque antes, sencillamente, no lo hacíamos. Creíamos que era natural soportar el olor desagradable. Obviamente, ni siquiera pensábamos en el daño físico. Éramos la mujercita sin orgasmo que se contentaba cuando el macho de su marido eyaculaba alegre y puntualmente.
Sergio, respeto tu derecho a rajatabla. Solo me preocupó cuando dijiste que si te DEJAN lo gozas. No deberías "dejar que te dejen" pensá en esas personas "sacrificadas" que te hacen el aguante. ¿Qué placer tienen ellos? Podés fumar en tantos lugares, incluso en sitios hipercerrados con otros fumadores como vos.
Paula.
La clave está allí: ¿es que alguien aquí ha pedido una ley seca de puchos? Nones. Sólo que durante años, el derecho fumar aunque se intoxique a otros que no desean envenenarse ha primado sobre el derecho a no ser intoxicado. Medidos los beneficios y los perjuicios, y dado que ambos derechos son incompatibles, debe optarse por el que parece el mejor para ambas partes. Los que fuman pueden fumar, pero no pueden obligar a los otros a que fumen también.
El uso indiscriminado de escotes no es tóxico. Al contrario.
Me molestan tanto las prohibiciones absolutas como los permisos libérrimos o las obligaciones perentorias. No soporto ningún tipo de discriminación, no importa cuál sea su signo, génesis o argumentación. No me gustan los "recortes" simplificadores. Más allá de mi temperamento impulsivo (Paula, pedido formal de disculpas), intento no joder a nadie y espero -siempre ingenuamente, claro- que nadie me joda a mí. Pretender que nadie fume en una provincia es tan absurdo como prohibir que la gente se bañe, trate de vestirse a la moda, vaya a misa (claro, en la iglesia no se fuma) o que la bruja del barrio tire el tarot. Pretender que nadie beba alcohol, juegue en los casinos o se vuelva loco es tan irreal como desear que nadie se enferme, soporte los suplicios de viajar en micro, escriba un poema, tenga hambre, vaya al psicólogo, tenga un accidente, desafine en la ducha o le guste el sexo duro. O que sea judío, boliviano o negro. O viejo o pelado o gordo. O discapacitado. O sea adicto a los horóscopos. Pretender una cierta idea de homogeneizada y pasteurizada corrección social es tan aberrante como creer que su posibilidad. No fumo en lugares públicos, no voy a lugares donde no puedo hacer lo que quiero hacer, no obligo a compartir mis "tóxicos" a nadie. Y no los discrimino (ni adjetivo) por no hacerlo. Comprendo, respeto los límites de los cuerpos. Pero pregunto, ¿por qué no le hacen estos planteos, Fernando y Paula, a los responsables de las empresas de colectivos (y a los intendentes y funcionarios que deberían controlarlos) cuyos vehículos tóxicos depositan en vuestros pulmones más plomo en los diez minutos de espera que un fumador cualquiera en una animada charla de café al aire libre.