La lenta llama eterna

domingo, abril 27, 2008



Todo pasa por la falta de sentido del humor. Viene una propaganda que en broma y doble sentido propone “Vuelven los lentos”, para que un grupo de paparulos se lo tome en serio. Entonces comienza una absurda campaña y todos se juntan en el Planetario de Buenos Aires, que semanas atrás había reunido a cientos a ver un eclipse total de luna, para que ahora dancen al compás de un “Eclipse total de corazón”.
Pero qué cosa eran los lentos me preguntó el hijo preadolescente de un amigo. Y yo me sentí Mirtha Legrand hablando de “Los martes orquídeas”. Esa música suave, soft -le aclaré-, que chorreaba amor y miel en cada estrofa tenía, en los 80’s y comienzo de los 90’s, un piadoso fin social al menos. Uno daba vueltas y vueltas por la pista de baile cuando los movidos (¡Footlose!¡Footlose!) hacían girar locamente las dos rueditas de algún TDK. Los lentos eran una presión. Si no enganchabas algo antes de las 4 a.m que los largaban (¡Spending my time!) no había señorita de jopo alto que te diera el anhelado “Dale, bailemos”. Porque allí estaba el premio: uno salía en los movidos, hacía pobremente "el verso” entre paso y paso (¿De qué signo sos?), y cuando llegaba “Vientos de cambio” o la última balada heavy (?) de Europe, las palabras estaban demás. Uno sólo en ese momento entendía por qué dicen que para dar un beso hay que mover más de veintiséis músculos… ¡Oh, mi corazón se vuelve delator!
Pero hay gente que no sabe cuándo parar. La semana pasada bajo la consigna “Que vuelvan los lentos” se hizo un bailongo en la vieja estación de tren de San Martín. Los más “cremas” de antaño buscaron entre la naftalina sus jeans nevados y – no sin esfuerzo- se los calzaron para ir a atracar a alguna “tillera”. Lo más triste fue que, antes de salir, se dieron cuenta que hacía viente años que la tenían encallada en la cocina y criando hijos. ¡No hay derecho! Me contaron que esa noche fue espectacular y que hasta Sandro bailó abrazado junto a la vocalista de Bangles.
Hay veces que el “todo vuelve” no debe tomarse al pie de la letra, muchachos. Como tampoco se puede vivir del recuerdo. Sobre todo cuando nuestra memoria los ha “fotoshopeado” para que parezcan tolerablemente dignos. Alguna vez la “llama eterna” del pasado (¡an eternal flame!) tiene que apagarse para darle paso – entre las cenizas- a fuegos nuevos.
por Hernán Schillagi at 6:07 p. m. | Enlace |

[ back home ]

Comments for La lenta llama eterna
Como comprenderá soy demasiado joven, demasiado pop, para guardar registro de la época a la que ud se refiere.

Como comprenderá, miento.

Como comprenderá, la verdad es que era tan pero tan lento que nadie quería bailarlos conmigo.

Como comprenderá, sigo mintiendo. En realidad, ahora que lo pienso, recuerdo que no era tan así... y justamente creo que "eso" era lo peor ¿me comprende, verdad?

Querido y (nada) lento Sergio: Ud. es pop... ¡pero de la época de Boy George! Seguro que luego de ver Jem & the Holograms se iba a algún "asalto" a mover las caderas con el último de INXS. Y de los lentos, ni hablar! Verá que que comprendo a medias. Soy un poco "lento".

Lentos, estoy totalmente de acuerdo con tus reflexiones. Que los "inyecten artificialmente" no los salva de la muerte que ya tuvieron. Los niños de ahora, nuestros párvulos queridos, a quienes nos cansamos de ver abrazados y a los arrumacos en los recreos y en las aulas no necesitan del "momento semanal" de los lentos para chapar como nos pasaba a nosotros, viejas cacatúas. Ellos tienen un código corporal muy avanzado, son libres, se tocan, cabecean en hombros ajenos con una naturalidad envidiable... ¡Felicitaciones, chicos!
Nosotros, LENTOS, sentíamos la descarga eléctrica cuando el susodicho/a en cuestión nos ponía la mano en la cintura o en el cuello. A los cuatro o cinco temas se rompían algunas barreras, las nenas quebrábamos codos y los nenes buscaban hombros... y la música se ponía de nuevo a full, pero no desesperábamos: venía, al final, la segunda tanda de lentos, nacionales generalmente, y por ahí concretábamos un lindo chuponex.
ESOS TIEMPOS NO VOLVERÁN y eso también está bueno.

Querida Paula: veo que has captado el espíritu de mi queja. Algunos que han leído este post, me han comentado y endilgado(personalmente) que he perdido el romanticismo. Me parece que reflotar lo viejo a veces tiene un sentido. Sobre todo cuando es una resignificación de lo pasado (como el Renacimiento) para salir de la oscuridad presente.
Era magnífica la lucha que se daba con la niña que daba el sí para los lentos. Había veces que me dolían los brazos de tanto hacer fuerza para lograr un acercamiento más hot. Eso sí, al "arrimar el bochín" uno sentía que tanto esfuerzo había valido la pena...Para volver, están las oscuras golondrinas.


Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.

Acerca de mí­

Mi foto
Nombre: Hernán Schillagi
Ubicación: San Martín, Mendoza, Argentina

Hernán Schillagi nació en 1976 en la ciudad de San Martín (Mendoza, Argentina). En su paso por la Facultad de Filosofía y Letras (UNCuyo) fundó y dirigió las revistas literarias Molinos de viento, Ulyses y la mural Tatuaje Falso. Además integró los grupos parapoéticos Dark es dark y Codama. Obtuvo la primera mención en poesía en el Certamen Literario Vendimia 2000. En el año 2002, Mundo Ventana, su primer poemario, fue publicado por Libros de Piedra Infinita, editorial que dirige junto a Fernando G. Toledo. En 2006 participó en la organización de ciclos de cine, recitales de música, exposiciones de arte y actos de memoria activa con el grupo Itinerante Cultura móvil para toda la Zona Este. Actualmente ejerce la docencia en Lengua y Literatura, publica sus textos en el blog Ciudadeseo y El Desaguadero y colabora con sus reseñas en el suplemento Escenario del Diario UNO de Mendoza. A comienzos de 2008 apareció, en la Colección de Poesía Desierta, Pájaros de tierra (Libros de Piedra Infinita). Fue galardonado con el Primer premio en el Certamen Literario Vendimia de poesía 2008 con el libro Primera persona.