La lenta llama eterna

Todo pasa por la falta de sentido del humor. Viene una propaganda que en broma y doble sentido propone “Vuelven los lentos”, para que un grupo de paparulos se lo tome en serio. Entonces comienza una absurda campaña y todos se juntan en el Planetario de Buenos Aires, que semanas atrás había reunido a cientos a ver un eclipse total de luna, para que ahora dancen al compás de un “Eclipse total de corazón”.
Pero qué cosa eran los lentos me preguntó el hijo preadolescente de un amigo. Y yo me sentí Mirtha Legrand hablando de “Los martes orquídeas”. Esa música suave, soft -le aclaré-, que chorreaba amor y miel en cada estrofa tenía, en los 80’s y comienzo de los 90’s, un piadoso fin social al menos. Uno daba vueltas y vueltas por la pista de baile cuando los movidos (¡Footlose!¡Footlose!) hacían girar locamente las dos rueditas de algún TDK. Los lentos eran una presión. Si no enganchabas algo antes de las 4 a.m que los largaban (¡Spending my time!) no había señorita de jopo alto que te diera el anhelado “Dale, bailemos”. Porque allí estaba el premio: uno salía en los movidos, hacía pobremente "el verso” entre paso y paso (¿De qué signo sos?), y cuando llegaba “Vientos de cambio” o la última balada heavy (?) de Europe, las palabras estaban demás. Uno sólo en ese momento entendía por qué dicen que para dar un beso hay que mover más de veintiséis músculos… ¡Oh, mi corazón se vuelve delator!
Pero hay gente que no sabe cuándo parar. La semana pasada bajo la consigna “Que vuelvan los lentos” se hizo un bailongo en la vieja estación de tren de San Martín. Los más “cremas” de antaño buscaron entre la naftalina sus jeans nevados y – no sin esfuerzo- se los calzaron para ir a atracar a alguna “tillera”. Lo más triste fue que, antes de salir, se dieron cuenta que hacía viente años que la tenían encallada en la cocina y criando hijos. ¡No hay derecho! Me contaron que esa noche fue espectacular y que hasta Sandro bailó abrazado junto a la vocalista de Bangles.
Hay veces que el “todo vuelve” no debe tomarse al pie de la letra, muchachos. Como tampoco se puede vivir del recuerdo. Sobre todo cuando nuestra memoria los ha “fotoshopeado” para que parezcan tolerablemente dignos. Alguna vez la “llama eterna” del pasado (¡an eternal flame!) tiene que apagarse para darle paso – entre las cenizas- a fuegos nuevos.
Como comprenderá, miento.
Como comprenderá, la verdad es que era tan pero tan lento que nadie quería bailarlos conmigo.
Como comprenderá, sigo mintiendo. En realidad, ahora que lo pienso, recuerdo que no era tan así... y justamente creo que "eso" era lo peor ¿me comprende, verdad?
- Posted at 30 abril, 2008 | By sergio
- Posted at 30 abril, 2008 | By Hernán Schillagi
Nosotros, LENTOS, sentíamos la descarga eléctrica cuando el susodicho/a en cuestión nos ponía la mano en la cintura o en el cuello. A los cuatro o cinco temas se rompían algunas barreras, las nenas quebrábamos codos y los nenes buscaban hombros... y la música se ponía de nuevo a full, pero no desesperábamos: venía, al final, la segunda tanda de lentos, nacionales generalmente, y por ahí concretábamos un lindo chuponex.
ESOS TIEMPOS NO VOLVERÁN y eso también está bueno.
- Posted at 02 mayo, 2008 | By Escribir, coleccionar, vivir
Era magnífica la lucha que se daba con la niña que daba el sí para los lentos. Había veces que me dolían los brazos de tanto hacer fuerza para lograr un acercamiento más hot. Eso sí, al "arrimar el bochín" uno sentía que tanto esfuerzo había valido la pena...Para volver, están las oscuras golondrinas.
- Posted at 04 mayo, 2008 | By Hernán Schillagi



